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LA INTEGRIDAD EN UNA SOCIEDAD CORRUPTA

Texto Bíblico: Lucas 6:45

 

Introducción

 

¿Ha pensado en la enorme influencia que ejerce usted, a través de sus principios y valores, para ayudar a transformar la sociedad en la que nos desenvolvemos?

 

Una ilustración:

 

Pensó que no estaría mal lo que hacía y sustrajo unos cuantos materiales que no hacían falta en su oficina pero que en casa eran urgentes. “Aquí hay de sobra”, pensó. Pero no solo eso llevaba oculto en su maletín. También era su indiferencia ante el compromiso en sus labores cotidianas. Siempre tenía una excusa para posponer las tareas. Las cosas prosiguieron igual hasta el momento en que no soportó las presiones. Alguien que quiso chantajearlo porque había descubierto las acciones dolosas, le sacaba en cara su error a la más mínima provocación.

 

Finalmente se produjo lo inevitable. El día que recibió el sobre con el membrete de su empresa, tuvo el pálpito de que dentro no venía propiamente un ascenso o una mejora en sus ingresos. Y tal como lo sospechó, en pocas líneas dejaban sentado su despido. Llevaba en el mismo trabajo más de cuatro años, y perdió una excelente oportunidad de empleo por algo insignificante, algo que no valía la pena (Deut.10:17; 16:19)

 

Se propaga la corrupción

 

El soborno y la corrupción alcanzan en el mundo cifras alarmantes y, conforme pasa el tiempo, amenazan con tomar la fuerza de un epidemia en todos los renglones de la sociedad. Usted y yo estamos amenazados por su presencia, y lo más preocupante es que muchos cristianos que profesan una fe indeclinable en el Señor Jesucristo, ceden y caen (Sal.33:1: Prov.10:29; 11:3; 20:7). En la práctica, se estima que una de cuatro campañas políticas en los países del mundo no tienen control en cuanto a movimientos financieros, lo que les convierte en blancos fáciles para que ingresen dineros fruto de la corrupción.

 

Los corruptos están en todas partes (Tit.2:7; Ro.1:21)

 

Como si se tratase de un concurso para determinar quiénes son los “campeones” en haber protagonizado escándalos, la Organización Transparencia Internacional publicó los nombres de cinco ex gobernantes de países con el monto de la cuantía de los recursos que, tras las investigaciones, resultaron provenir de negocios y movimientos irregulares.

 

  1. - Mohamed Suharto (Indonesia, 1967 y 1998), entre 15 y 35 mil millónes de dólares
  2. - Ferdinando Marcos (Filipinas, 1972-1986) entre 5 y 10 mil millones de dólares
  3. - Mobutu See Seko (Zaire, 1965-1997) cerca de 5 mil millones de dólares
  4. - Sani Abacha (Nigeria 1993-998), entre 2 y 5 mil millones de dólares
  5. - Jean-Claude Duvalier (Ahití) entre los 300 y los 800 millones de dólares.

 

También estima la organización internacional que en sobornos se cancelan en los países alrededor de un billón de dólares anualmente (1R.9:4-5)

 

¿Por qué se agiganta la deshonestidad? (Ro.12:2)

 

(Lc.16:10) Los especialistas coinciden en asegurar que la deshonestidad concibe al menos cinco situaciones que son altamente perjudiciales en las relaciones con quienes nos rodean:

 

- Pérdida de confianza en los demás

- Distorsión a los principios de justicia

- Falta de credibilidad en las instituciones

- Pérdida del equilibrio y la imparcialidad

- Permanente sensación de culpa, que la conocemos como crisis de conciencia

 

¿Acaso se puede cambiar el curso de la historia en nuestros países? Por supuesto que sí. En esto coincidimos con los teólogos Oswaldo Scherone y Samuel Gregg cuando escriben su Ensayo “Una teoría de la corrupción”. Allí plantean: “Los hechos corruptos puede que parezcan estar incrustados en nuestra cultura, pero las culturas se pueden cambiar. El hombre no se subordina a la cultura, más bien, nuestras acciones crean la cultura”.

 

Sobre esta base, tanto a la luz de las Escrituras como de todo principio moral, usted y yo tenemos la enorme responsabilidad de poner freno a todo aquello que traiga engaño, robo y un progresivo enquistamiento de la deshonestidad. Dios nos ha llamado a la rectitud, la justicia y la honestidad, y nuestros actos deben ser ejemplo del Dios a quien obedecemos, creemos y confiamos (Éx.23:2)

 

Un reconocido ejemplo de honestidad, lo ofrecen los cristianos de África quienes se unieron en países como Botswana, Sudáfrica y Swazilandia para estructurar y desarrollar la campaña “Iglesias contra la corrupción”. (Prov.21:3)

 

¿Qué podemos hacer?

 

Cuando nos remitimos a las Escrituras, que para los cristianos representa nuestra fuente de autoridad, encontramos varios principios que vale la pena tener en cuenta respecto al engaño y la corrupción.

 

La decisión de cambiar a partir de la aplicación de principios y valores cristianos, es de cada uno, pero el impacto puede ser enorme en medio de la sociedad.

 

1.- Reconozca que Dios lo concibió para ser íntegro (1Cró.29:17; Sal.78:70-72)

 

En primera instancia y tal como lo advierte la Palabra, Dios no comparte el que sus hijos incurran estas prácticas irregulares que, además de deteriorar nuestro testimonio de vida cristiana, traen mal a los demás. De acuerdo con su advertencia, acarrean destrucción: “Así terminan los que van tras ganancias mal habidas; por éstas perderán la vida.” (Proverbios 1:19. Nueva Versión Internacional).

 

2.- Decídase por la integridad

 

La palabra integridad se deriva del término de origen latino integrĭtas, hace hincapié en la particularidad de íntegro y a la condición pura de las vírgenes. Algo íntegro es una cosa que posee todas sus partes intactas o, dicho de una persona, hace referencia a un individuo correcto, educado, atento, probo e intachable. Un hecho curioso es que quienes incurren en acciones dolosas, culpan a la sociedad que les rodea, a una profunda necesidad económica o quizá a presiones culturales, las decisiones errada de incurrir en deshonestidad.

 

La Palabra de Dios dice que tales argumentos no tienen validez porque todos somos libres pero a la vez responsables de cuanto hagamos: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45 Reina-Valera 1960). Cabe aquí preguntarnos: ¿Qué estamos guardando y alimentando en nuestro corazón?¿Hay transparencia en todo lo que hacemos?

 

3.- Aplique en su vida principios de transparencia

 

La Palabra del Señor nos muestra que en cierta ocasión al instituir jueces que ejercieran autoridad sobre el pueblo de Israel, el rey Josafat les reunió y dijo: “Por eso, teman al Señor y tengan cuidado con lo que hacen, porque el Señor nuestro Dios no admite la injusticia ni la parcialidad ni el soborno.”(2 Crónicas 19:7. Nueva Versión Internacional).

 

Todas las personas tienen los ojos puestos sobre quienes profesamos la fe en el Señor Jesucristo, de ahí que debamos ser cristalinos en nuestro desenvolvimiento social y espiritual. Pero no debemos hacerlo por el solo hecho de que nos están observando, pues sería una mera apariencia. Debemos ser cristalinos y transparentes, porque ese es el anhelo de Dios para nosotros, y porque eso define el estilo de vida cristiano.

 

4.- Huya de toda oportunidad de corrupción

 

Un dicho que tiene mucha fuerza en Latinoamérica señala: “La ocasión hace al ladrón”. Y hay quienes, amparándose en esta filosofía popular, se lo toman muy en serio. Pero cuando volvemos las Páginas de la Biblia para encontrar una guía, hallamos un principio ineludible que se fundamenta en la necesidad de apartarse de toda aparente ocasión para engañar: “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella.” (Salmo 1:1-2. Nueva Versión Internacional). Si su mayor aspiración es vivir conforme agrada y glorifica a Dios, debe alejarse a tiempo de todo espacio en el que pueda caer en actitudes de engaño, robo y deshonestidad.

 

5.- Necesitamos emprender un auto examen

 

Una práctica sana en todo ser humano es una evaluación permanente de sus acciones, un análisis serio y sincero de nuestro pensar, sentir y actuar, y mucho mejor cuando lo realizamos a la luz de la Palabra de Dios. Cuando lo hacemos reposada, sensata y honestamente, de seguro encontraremos errores que es necesario corregir, en más de un aspecto de nuestras vidas.

 

Eso fue justamente lo que recomendó el apóstol Pablo en su carta a los cristianos de Éfeso: “El que robaba, que no robe más, sino que trabaje honradamente con las manos para tener qué compartir con los necesitados.” (Efesios 4:28. Nueva Versión Internacional).

 

Y en el evangelio de Lucas, encontramos la historia de alguien que, habiendo obrado mal en su tiempo pasado, asumió una actitud de cambio cuando aceptó el mensaje transformador de Jesucristo. Se trata de Zaqueo, jefe de publicanos en Jericó, quien además de tener una mentalidad gobernada por la avaricia, era muy rico.

 

“Pero Zaqueo dijo resueltamente: --Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea.  --Hoy ha llegado la salvación a esta casa --le dijo Jesús--, ya que éste también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (Lucas 19:8-10. Nueva Versión Internacional).

 

En nosotros está el marcar la diferencia

 

Nuestra integridad será propósito para que la gente conozca de Dios o nuestra falta de integridad será el propósito para que la gente NO quiera conocer de Dios (Neh.13:13). La honradez y la integridad son tan esenciales ahora y a la vez tan escasas, pues muchos se dejan llevar por la seducción que hay en la corrupción y por eso aunque por un momento se creen bendecidos vienen a escasez por falta de integridad (Prov.11:24)

 

La integridad y la justicia son algunos de los pilares de la vida cristiana, si alguno de estos faltan cuando vengan las pruebas no podremos permanecer en pie, la mentira, el fraude, la injusticia mina nuestra comunión con Dios y Dios no puede ser burlado (Prov.11:8; 28:6)

 

Conclusión y desafío

 

Nuestra sociedad puede ser diferente. Como hijos e hijas de Dios, somos agentes de cambio, somos punta de lanza, llamados a marcar la diferencia.

Defraudar es no cumplir a cabalidad con nuestro horario de trabajo, sustraer elementos de la oficina para utilizarlos en casa, malgastar lo que no hemos comprado en nuestra empresa o espacio de labor, y también gastar en gustos personales lo que corresponde a nuestra familia, y no solo se limita al aspecto económico, sino también al tiempo que Dios nos da de vida, y la forma cómo lo utilizamos ya sea para bien o en algunos casos, para mal.

Un principio de vida para aplicar desde hoy: comenzar a erradicar del lugar en el que nos desenvolvemos como cristianos, cualquier sombra de corrupción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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SIETE PRINCIPIOS DE UN TRIUNFADOR

Texto Bíblico: Proverbios 10:22

 

Introducción

 

Alrededor nuestro millares de seres humanos pertenecen al “Club de los fracasados”. Puede que no hayan pagado afiliación ni tengan carné de miembros, pero voluntariamente se matricularon porque consideran que su vida no tiene propósito y que no vale la pena seguir luchando.

 

Imagine por un instante que llegó el final de sus días (Sal.90:9). Sabe que le quedan pocas horas para cruzar el umbral en el viaje hacia el más allá. Y Dios le pide que califique cómo fue su vida. ¿Cuál sería su evaluación?¿Fue una vida productiva, se limitó simplemente a sobrevivir o, sencillamente, hizo el tránsito por esta tierra sin pena ni gloria?¿Considera por el contrario, que su vida fue dolorosa, plagada de derrota y sinsabores? (Job 14:1-2)

A Jacob, uno de los patriarcas de Israel, le hicieron esa pregunta. Confrontó su realidad. Ocurrió cuando viajó con su familia hasta Egipto, donde su hijo José ocupaba un alto cargo en la corte real del faraón (Gén.47:8-10)

 

“Entonces José fue a ver al faraón y le dijo: <<Mi padre y mis hermanos han llegado desde la tierra de Canaán. Vinieron con todos sus rebaños, sus manadas y sus posesiones, y ahora están en la región de Gosén>>. Entonces José hizo entrar a su padre Jacob y se lo presentó al faraón. Entonces Jacob bendijo al faraón. --¿Cuántos años tienes?--, le preguntó el faraón. Jacob respondió:--He andado por este mundo ya ciento treinta arduos años; pero mi vida ha sido corta en comparación con la de mis antepasados.”
(Génesis 47:1,7-9. Nueva Traducción Viviente)

 

La calificación de Jacob a su existencia fue dura: arduos años. En esas dos palabras resumió toda su existencia. Lucha, dolor y desesperanza. Otras versiones como la Reina Valera 1960 traducen “pocos y malos”, refiriéndose a su desenvolvimiento en toda su vida.

 

¿Acaso es la misma apreciación que tiene sobre su propia existencia? ¿Hasta el momento sólo ha experimentado “lucha, dolor y esperanza”? Si es así, le invito a hacer un alto en el camino. ¡Dios lo creó para ser un triunfador, no un fracasado! (1Jn.5:4-5). La decisión de triunfar o fracasar, está en nuestras manos. ¿La razón? Dios colocó en nuestro ser, desde antes de la fundación del mundo, todas las potencialidades para ser ganadores. Basta que desarrollemos los dones y talentos del que nos proveyó, para llegar a la cima del éxito.

 

Un plan para su vida

 

Dios tiene un plan específico para su vida (Sal.138:8). Desde la creación del mundo nadie ha sido ni será igual a usted. El Señor lo hizo único e irrepetible. Su ADN, iris o huellas dactilares, para mencionar sólo algunas de las características biológicas individuales, jamás han sido iguales en dos personas. Sobre esta base, permítame recordarle que usted es muy pero muy especial para el Señor (Is.43:4). En esa dirección, vamos a compartir este mes Siete Propósitos de Dios para su vida. Conocerlos y aplicarlos, marcará un “antes y un después” en su existencia. Nada volverá a ser igual y podrá avanzar de manera eficaz en el proceso de crecimiento personal y espiritual. 

 

1.- Disfrute la vida plenamente

 

Dios nos creó para disfrutar la vida. Ordenadamente, bajo principios y valores, pero con un propósito claro: que experimentemos plenitud en nuestra cotidianidad. No un día sino toda la vida. El rey Salomón impartió una enseñanza que cobra particular vigencia para nuestro tiempo (Ecl.5:18-20).
 
Imagine por un instante el escenario cuando nuestro amoroso Padre celestial creó el universo y la tierra. Los hizo en su conjunto para que usted y yo los disfrutáramos. Su amor infinito se ocupó de crear las condiciones para que pudiéramos disfrutar la vida. Quienes nos empecinamos en hacernos la vida difícil, somos usted y yo. Y cada vez que nos empeñamos en amargarnos la existencia, vamos en contravía de lo dispuesto por el Señor. Con nuestras acciones le decimos: “Tú quieres para mí una vida plena, pero yo prefiero el sufrimiento”.

 

2.- Disfrute las bendiciones

 

Pregúntese por un instante: ¿Cuántas veces compró un vestido que jamás se puso para que no se le dañara?¿Tiene zapatos que no usa para que no se gasten? ¿Ahorra hasta el último centavo y se priva incluso de comerse algún alimento sabroso sólo con el propósito de amasar más dinero? Puedo asegurarle que la lista podría ser infinita de las enormes bendiciones que Dios nos ha provisto y que no disfrutamos a plenitud.

 

Cuando vamos a la Biblia, nos instruye sobre esta realidad (Prov.10:22), y también aquella recomendación del apóstol Pablo (1Ti.6:17). Reflexione por un instante en la enorme cantidad de bendiciones que Dios ha regalado a su vida diariamente. Y lo sigue haciendo: trayendo a su existencia bendiciones. ¿Usted las disfruta al máximo? ¿Valora esos regalos de Dios?

 

Haga un examen honesto de la situación y, desde hoy, aplique los cambios que considere oportunos con el fin de que viva con plenitud la vida que Dios ha tenido planeada para usted, y para los suyos.

 

3.- No se deje gobernar por los afanes

 

Resulta irónico que desde el comienzo de la creación, el género humano se ha visto obsesionado por el tiempo. Millares de hombres y mujeres van de un lado a otro, corriendo literalmente. A este hecho sume el que esas mismas personas no descansan por una preocupación enraizada en qué pasará mañana. No han terminado una jornada y ya están ocupándose en pensar la que vendrá. Preocuparse se convirtió para ellas en una fijación.

Consciente que era algo cotidiano para infinidad de personas el afanarse y, además los enormes perjuicios que representa en los planos espiritual y físico (angustia, desesperanza, enfermedades), el Señor Jesús nos instruyó claramente (Mt.6:25,31-33)
 
Lo más lamentable es que muchas personas ocupadas en el qué pasara mañana, nunca ven ese mañana. Disfrute el hoy al máximo, pero disfrútelo en Dios, sacando especial provecho del cúmulo de bendiciones con las que Él nos bendice cada día.

 

4.- No se dé por vencido fácilmente, persevere

 

Nadie llega jamás a la cima de una cumbre si primero no desarrolla el proceso de escalar metro por metro, sobreponiéndose a caminos tortuosos y etapas difíciles. En cierta medida, cada quien paga un precio para alcanzar el punto más alto de la montaña. La vida cristiana también está signada por el esfuerzo y la perseverancia. Dos elementos que son esenciales para ser los hombres y mujeres de éxito que Dios tiene planeado para nosotros.

 

Perseverar no es otra cosa que avanzar por encima de las circunstancias, muchas de las cuales son adversas y es previsible que surjan a nuestro paso. Usted y yo somos quienes decidimos si caemos en un estado de estancamiento o incluso, si nos dejamos arrastrar por un revés espiritual o personal, o definitivamente seguimos adelante.

 

El autor de la carta a los Hebreos ofrece una instrucción magistral que sintetiza uno de los propósitos del Señor para nuestra existencia (Heb.12:1-2). Tenemos una meta específica en la vida: vivir a Cristo y desarrollar en nuestro ser, las enormes potencialidades, dones y talentos de las que Dios nos proveyó para alcanzar la realización plena, y es en esa dirección—hacia la meta—que debemos avanzar.

 

Jamás olvide que Dios nos creó con la condición de vencedores y no de fracasados. Por ese motivo, cualquiera que sea la situación que enfrente en la vida, siga adelante. Avance. Que nada le detenga (Éx.14:15). Ponga su mirada en el amado Salvador y de pasos camino hacia la victoria. Tenga presente que usted es un triunfador.

 

5.- No viva atado por el pasado

 

Millares de personas hoy día están atadas por el pasado. Pueden avanzar, pero voluntariamente no quieren hacerlo (Jn.11:44)

Refiriéndose a su proceso de crecimiento personal y espiritual en Jesucristo, en el que había tenido que renunciar a muchas cosas que le amarraban a tiempos idos, el apóstol Pablo escribió:

 

“No quiero decir que ya haya logrado estas cosas ni que se haya alcanzado la perfección; pero sigo adelante a fin de hacer mía esa perfección para la cual Cristo Jesús primeramente me hizo suyo. No, amados hermanos, no lo he logrado, pero me concentro sólo en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual dios nos llama por medio de Cristo Jesús.”(Filipenses 3:12-14, Nueva Traducción Viviente)

 

Mantenernos anclados en las derrotas, desengaños, tristezas y el dolor del ayer, nos impide avanzar. Tenga claro que el pasado debe quedar en el pasado. Nada determina que si el pasado fue de fracaso el presente no pueda ser de victoria, como sin duda lo será con ayuda de Dios. Recuerde: tu pasado no puede determinar tu presente, ni mucho menos tu futuro. Estamos en las manos del Señor, y si nuestra fe se concentra en Él, como dijo Pablo, todo lo podemos en Cristo que nos fortalece.

 

6.- Despójese de toda carga de amargura, odio y resentimiento

 

Infinidad de personas sufren lo indecible porque consumen sus días odiando. Esa proclividad a odiar a todos y a todo, les lleva a experimentar una condición permanente de amargura que pinta sus días color gris, nublados por la desesperanza (Mt.6:14-15)

 

Salir de esa situación parte de una decisión personal, como enseñó al apóstol Pablo: “Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta. Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.”(Efesios 4:31-32 Nueva Traducción Viviente)
 
Como se ha mencionado en enseñanzas anteriores, la amargura, el odio y el resentimiento afectan primeramente a la persona que los tiene y que los desarrolla en su coarzón. Esto perjudica no solo el alma y la mente, sino hasta incluso nuestra propia salud. Sea libre de un pasado de odio y amargura. Es cierto, en sus fuerzas no podrá lograrlo, pero sí con ayuda de Dios que quiere acompañarlo en el proceso. Recuerde siempre que el Señor estará a su lado para ayudarlo.

 

7.- Entregue todas sus cargas en manos de Dios (Sal.55:22)

 

Las cargas nos impiden avanzar (Heb.12:1). Piense en alguien que escala una montaña con un fardo al hombro. Sin duda, se le dificultará el ascenso. Es lo mismo que ocurre con nosotros cuando llevamos pesadas cargas (preocupaciones, inquietud, afanes, problemas) que se convierten en un enorme obstáculo para crecer en las áreas espiritual y personal.

 

Nuestro amado Salvador instruyó al respecto, que debemos llevarle todo aquello que nos impide dar pasos hacia adelante: “Luego dijo Jesús:<<Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso>>. Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana.”(Mateo 11:28-30, Nueva Traducción Viviente)

 

El apóstol Pedro, por su parte, enseñó que a través de la oración podemos encontrar paz espiritual. Orar es hablar con Dios y a través de esos espacios de encuentros íntimos con el Señor, podemos entregarle todo aquello que nos impide seguir adelante: “Así que humíllense ante el gran poder de Dios y, a su debido tiempo, él los levantará con honor. Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes.”(1Pedro 5:6-7. Nueva Traducción Viviente)

 

Conclusión

 

Dios nos concibió como hombres y mujeres vencedores. Desarrollar todas esas potencialidades en nuestro ser, es posible solo cuando le entregamos todas nuestras cargas al Señor. Es una oportunidad maravillosa, dentro de los Siete Propósitos de Dios para nuestra vida, que nos permite llegar cada día a nuevos niveles en el proceso de crecimiento personal y espiritual.

 

 

 

 

 

 

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